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3 bodas de más, de Javier Ruiz Caldera

3 bodas de más, de Javier Ruiz Caldera

FICHA TÉCNICA
Título original: 3 BODAS DE MÁS
Dirección: Javier Ruiz Caldera
Guión: Pablo Alén & Breixo Corral
Reparto: Inma Cuesta, Martín Rivas, Quim Gutiérrez, Maria Botto, Rossy de Palma.
Fecha de estreno: 05/12/13
Duración: 100 minutos
Género: Comedia romántica
Perfil oficial: https://www.facebook.com/3BodasDeMas?fref=ts

La llegada de "3 bodas de más" a las salas sirve para calibrar el estado de salud de la comedia española, un género abierto a infinitas influencias y mutaciones. El film de Ruiz Caldera, más que cualquier otro título de reciente factura, se presenta como un compendio de diferentes capas tragicómicas y dispares formas de proceder a lo que humor se refiere: la ironía fina convive con la escatología pura y dura, el clásico monólogo se alía con el sketch televisivo y la elegancia romántica de los referentes norteamericanos (de Capra a Wilder) se da la mano con la última comedia gamberra yanqui (del popular Apatow al aplaudido Payne), formando, en conjunto, un variado escaparate de los múltiples mecanismos de la risa. 3 bodas de más, en definitiva, funciona por acumulación de estrategias, como muestrario de una comedia española en plena efervescencia y evolución, tanto por imposición de los recortes presupuestarios como por las nuevas posibilidades, artistas y audiencias surgidas de la esfera televisiva.
El caso de Javier Ruiz Caldera, con todo, no debe interpretarse como un hecho aislado, aunque la irrupción de 3 bodas de más en la última cosecha de nuestro cine haya servido para elevar el entusiasmo de determinado sector crítico. Caldera, al igual que Cobeaga, Sánchez Arévalo, Vigalondo o Velilla, se crió con la explosión pop del cine norteamericano de los 80, vivió muy de cerca el boom del cine de género español de los 90, y ahora como creador está tan vinculado a los referentes patrios – principalmente a las estructuras corales de Berlanga, a la irreverencia De la Iglesia y a la comedia madrileña, ya caduca, de Trueba, Pereira o Colomo – como a las reglas de la sitcom, el cortometraje amateur o el spot televisivo, formatos más apegados al impacto de una premisa o sorpresa argumental que al verdadero desarrollo de una narración. Todo ello ya podía rastrearse en los anteriores trabajos de Ruiz Caldera: Spanish Movie (2009), sana parodia de los títulos de referencia del cine español más cacareado de la década mediante la fórmula  “Scary Movie”, y Promoción fantasma (2012), una invitación al espíritu juvenil y a la estética ochentera, proponían una comedia fresca, de clara herencia yanqui, capaz de abrir los horizontes del humor ibérico. 3 bodas de más, con estas señas, es claramente una nueva cima conquistada, un paso adelante que busca aglutinar en poco más de hora y media todas estas constantes generacionales.
Ruiz Caldera toma a Inma Cuesta, actriz de probada solvencia dramática, como estrella gafada de una comedia nupcial que se desborda por todos sus costados. Si en Cuatro bodas y un funeral (Mike Newell, 1994) las ceremonias servían de marco para desarrollar una trama, el cineasta barcelonés se sitúa en lugares estratégicos de la costa catalana como Sitges, Castelldefels y L’Hospitalet de Llobregat para dar entidad a una historia de vocación itinerante: con la ayuda de su becario – reminiscencia de la crisis actual –, Ruth, una bióloga bastante torpe en la esfera personal pero absolutamente ambiciosa y brillante en sus investigaciones profesionales, asiste al enlace de sus tres ex novios a medio camino entre el estupor y la resignación de quien se siente totalmente fuera de lugar, incomprendida por padres, compañeras de trabajo y amistades en general. El film es la historia de una debacle contada en tres actos, cada uno con su propia estética y ética – la “boda surfera”, la “boda de pueblo” y la “boda pija”, con el perfil de atuendos, invitados y sentidos del humor asociados a cada etiqueta –, y a la vez un producto sólido que encuentra su cohesión en un engranaje transversal a todas sus paradas, base del conflicto principal de la película – el becario va enamorándose de su zarrapastrosa jefa, mientras que Ruth siente algo más que atracción por un cirujano que aparece de forma recurrente en cada sarao –.
Las peculiaridades formales y geográficas del film se resuelven con inagotables situaciones cómicas, gags de diferente duración y momentos de tonos de diferente calado, por momentos irreconciliables o antagónicos. En el perfil de Ruth anida la esencia de El diario de Bridget Jones (Sharon Maguire, 2001), y con ella el espíritu de determinado cine británico, así como la vocación comercial de la nueva comedia norteamericana encabezada por un carácter femenino asentado en lo incorrecto, con Tina Fey, Sandra Bullock o Melissa McCarthy como grandes divas de la escena. También es visible la herencia del cine norteamericano más ingenuo y pastelón o el poso de obras más deslenguadas como De boda en boda (David Dobkin, 2005) o La boda de mi mejor amiga (Paul Feig, 2011). La presencia de Rossy de Palma en un personaje satélite tan gracioso como prescindible sirve para evocar al universo Almodóvar, tal y como sucedía en los primeros trabajos de Albadalejo y del dúo Ayaso-Sabroso, mientras que sus citas rurales entroncan con un costumbrismo más austero claramente “chanante”, influencia, seguramente, de las mejores obras de Cuerda. Y así hasta completar un menú con humoristas invitados – ahí están las apariciones estelares de rostros populares como los de Silvia Abril, Paco León o Berto Romero –, juegos lingüísticos que van del Farrelly más burdo al Allen más elaborado, mamporros del cómic de la vieja escuela y una curiosa voluntad por aunar la añejo con lo moderno: las propiedades narrativas del montaje y la dirección de fotografía o el notable poder descriptivo de la música, con canciones tan diferentes de inclusión nada gratuita como Carrie de Europe o la eurovisiva Save your kisses from me, son una prueba de las voluntades experimentales, tanto rupturistas como conservadoras, de la obra de Ruiz Caldera, y en general de toda la remesa cómica de los últimos hallazgos de nuestro cine.
3 bodas de más, en definitiva, cumple con creces las funciones de entretenimiento navideño tanto para el público de a pie como para la crítica más sibarita. Pese a todo, la heterogeneidad de la propuesta es tanto un elemento definitorio como un factor que desluce gran parte de la función: no todos los personajes ni todas las escenas se resuelven con la misma eficacia, por lo que el film corre el riesgo de gustar medianamente a todos sin ser pasto ni de odios furibundos ni de defensas encendidas. 3 bodas de más sorprende, pero su sorpresa radica en apabullar a la platea, por lo que en ocasiones se echa de menos una mayor concreción y concisión. Por el momento, 3 bodas de más dibuja el complejo horizonte de la comedia española del siglo XXI, y aunque no genera consenso sí abre nuevas puertas y ventanas a un género que desde Días de fútbol (David Serrano, 2003) o El otro lado de la cama (Emilio Martínez-Lázaro, 2002) no conoce éxitos incontestables. 3 bodas de más no es la comedia del año, tampoco La gran familia española de Daniel Sánchez Arévalo, pero ambas son interesantes cajones de sastre cargados de esperanza, dominio técnico, guiones originales, nuevos rostros llenos de comicidad y cinefilia bien digerida: la materia prima, en definitiva, de un cine local que no siempre consigue despegarse de la enraizada idea popular, cliché con entidad de infamia, de la comedia ibérica del “caca-culo-pedo-pis”.
 

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